El dolor que nadie midió: por qué el dolor crónico en mujeres se diagnosticó durante décadas como ansiedad

Hay una pregunta que millones de mujeres han escuchado en una consulta médica y que, dependiendo del contexto, puede ser exactamente la pregunta correcta o una señal de algo que estuvo mal durante décadas:

'¿Podría ser estrés?'

En muchos casos, la respuesta es sí. El estrés afecta al cuerpo de formas muy reales. Pero hay otro tipo de casos - muchos más de los que la medicina reconoció durante mucho tiempo - en los que esa pregunta fue el final de la conversación en lugar del inicio de una investigación.

El dolor crónico en mujeres fue uno de los campos donde eso ocurrió de forma más sistemática.

Lo que los estudios no incluían

Durante décadas, gran parte de la investigación sobre dolor se hizo principalmente con sujetos masculinos. Las razones eran parecidas a las que vimos con el cerebro y el corazón: los ciclos hormonales femeninos añadían variables que los investigadores preferían evitar. El cuerpo masculino era considerado más 'neutral' como punto de referencia.

El resultado fue un cuerpo de conocimiento sobre cómo funciona el dolor - sus mecanismos, sus umbrales, sus tratamientos - construido casi exclusivamente sobre datos masculinos. Y aplicado por igual a todos.

Cuando las mujeres llegaban con dolor que no encajaba en ese modelo - porque era más intenso, más difuso, más difícil de localizar - la respuesta frecuente era psicológica. Ansiedad. Estrés. Exageración, en los casos más crudos.

Lo que la ciencia encontró cuando empezó a preguntar diferente

A partir de los años 90, con la exigencia creciente de incluir mujeres en los estudios clínicos, la imagen empezó a cambiar.

Lo que la investigación encontró fue consistente: las mujeres no solo reportan dolor crónico con más frecuencia que los hombres, sino que también lo experimentan de forma fisiológicamente diferente. El sistema nervioso femenino procesa las señales de dolor de manera distinta. Los umbrales del dolor varían. Las respuestas a ciertos analgésicos difieren.

Condiciones como la fibromialgia - caracterizada por dolor musculoesqueletal generalizado - afectan entre 7 y 9 veces más a mujeres que a hombres. Durante años fue considerada una condición psicosomática, difícil de diagnosticar y frecuentemente ignorada. Hoy hay evidencia sólida de que tiene una base neurológica real - pero tardó décadas en ser tomada en serio.

Un estudio de Johns Hopkins publicado en 2025, basado en el análisis de más de 375 investigaciones previas, documentó que el 40% de los adultos con dolor crónico experimentan niveles clínicamente significativos de depresión y ansiedad - siendo las mujeres el grupo más afectado. Lo que durante años se interpretó como 'el dolor es consecuencia de la ansiedad' empieza a entenderse de forma más compleja: el dolor crónico no tratado genera ansiedad, y la ansiedad amplifica la percepción del dolor. Son procesos que interactúan - no uno que explica al otro.

El tiempo que se perdió

Lo que más me impacta de este tema no es solo el error científico. Es el tiempo que se perdió.

Mujeres que pasaron años - en algunos casos, décadas - buscando un diagnóstico para un dolor que la medicina no sabía cómo clasificar. Que cambiaron de médico en médico. Que volvieron a casa con una receta de ansiolíticos cuando lo que necesitaban era una investigación más profunda.

La medicina está corrigiendo ese rumbo. Los protocolos de dolor crónico están incorporando la diferenciación por sexo. La formación médica empieza a incluir la variabilidad fisiológica del dolor. Pero el proceso es lento - y en muchos sistemas de salud en Latinoamérica, los cambios todavía no han llegado.

El dolor crónico no tratado genera ansiedad. Y la ansiedad amplifica la percepción del dolor. Son procesos que interactúan - no uno que explica al otro. Esa distinción tardó décadas en incorporarse a los protocolos médicos.

La pregunta '¿podría ser estrés?' no es incorrecta en sí misma. Lo que estuvo mal durante décadas fue que fuera la primera pregunta y, a veces, la única.

Escrito por Patricia Caguana

Fuentes:

- Fillingim R.B. et al. - Sex, Gender, and Pain: A Review of Recent Clinical and Experimental Findings - Journal of Pain, 2009.

- Johns Hopkins Medicine - Worldwide Study Finds High Rates of Depression and Anxiety in People with Chronic Pain - 2025. hopkinsmedicine.org

- National Institutes of Health (NIH) - Pain in Women: A Review of Evidence and Related Knowledge Gaps.

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