Las Cholitas Escaladoras: las mujeres que convirtieron las montañas en su negocio.

Hay un tipo de emprendimiento que no se estudia en ningún MBA. No empieza con un plan de negocios ni con capital semilla. Empieza con una pregunta muy simple: ¿por qué ellos sí y nosotras no?

Eso fue exactamente lo que se preguntaron un grupo de mujeres aimaras en las faldas de la Cordillera de los Andes, en Bolivia.

Llevaban años trabajando en las montañas. Como cocineras en los campamentos de alta montaña. Como porteadoras, cargando entre 20 y 25 kilogramos de equipaje de turistas y alpinistas internacionales. Subían partes de las montañas. Veían a los guíastodos hombres— llegar a la cima. Y cuando bajaban, alegres o frustrados, siempre con esa energía particular de quien acaba de hacer algo grande, ellas se preguntaban qué se sentía allá arriba.

En 2015 decidieron averiguarlo.

Cómo empieza un negocio que nadie esperaba

El primer ascenso no fue fácil. No tenían entrenamiento formal en técnicas de escalada. No tenían el equipaje adecuado. Y tenían algo que los guías masculinos de la zona consideraban un obstáculo: sus polleras las faldas tradicionales de la vestimenta aymara y sus sombreros de bombín.

'¡Qué van a poder con las polleras que llevan!', les dijeron.

En 2015, diez de ellas escalaron el Huayna Potosí 6.088 metros sobre el nivel del mar con su vestimenta tradicional completa. Y no como símbolo de protesta. Como declaración de identidad: estas somos, así subimos, y llegamos igual.

Ese primer ascenso cambió todo. No solo para ellas para el mercado turístico de alta montaña en Bolivia.

La capitalización del conocimiento propio

Lo que más me interesa de la historia de las Cholitas Escaladoras no es el récord. Es la inteligencia de negocio detrás de la decisión.

Estas mujeres ya tenían el conocimiento. Conocían las montañas mejor que nadie habían pasado años trabajando en ellas, entendiendo el clima, los rutas, los riesgos, las condiciones de cada temporada. Lo que no tenían era la posición de quien lidera la expedición.

Cuando decidieron escalar, no estaban aprendiendo algo nuevo. Estaban reclamando el valor de lo que ya sabían.

Hoy el grupo, conocido formalmente como Cholitas Escaladoras de Bolivia Warmis, ofrece expediciones guiadas por mujeres aimaras en vestimenta tradicional. Han escalado el Aconcagua en Argentina 6.961 metros. El Ojos del Salado en Chile 6.864 metros, el volcán más alto del mundo. Han participado en festivales internacionales de alpinismo en Polonia. Han recibido el Premio Guardianas de la Tradición. Y están preparando el ascenso al Everest.

El negocio que nació de lo que ya sabían

Teodora Magueño, una de las fundadoras, lo explicó con una claridad que me impactó: 'Yo empecé como cocinera de alta montaña. Veía a los turistas llegar alegres o frustrados de la cima y quería saber qué se sentía allá arriba. Entre nosotras hablábamos porque no sabíamos qué hacían allá arriba esa curiosidad teníamos.'

Esa curiosidad y la decisión de actuar sobre ella es exactamente lo que convierte el conocimiento acumulado en un negocio diferente.

Lo que hicieron las Cholitas no fue inventar algo nuevo. Fue reconocer que el conocimiento que tenían del territorio, del clima, de las rutas, de las condiciones tenía un valor que no estaban cobrando. Y decidieron cobrarlo.

Con pollera. Con sombrero de bombín. A más de seis mil metros sobre el nivel del mar.

Lo que esto dice sobre construir desde lo que ya tienes

Hay una conversación que se da mucho en emprendimiento sobre la necesidad de tener recursos, conexiones, formación formal. Y es verdad que esas cosas ayudan.

Pero la historia de las Cholitas dice algo que vale la pena escuchar: a veces el activo más valioso que tienes ya está ahí. Ya lo conoces. Ya sabes usarlo. Lo que falta no es el recurso es la decisión de ponerlo en el centro, de reclamar su valor y de presentarlo en tus términos, no en los que el mercado espera.

Las Cholitas Escaladoras no llegaron a la cima porque alguien les abrió la puerta. Llegaron porque decidieron que la montaña también era suya.

No inventaron algo nuevo. Reconocieron que el conocimiento que tenían del territorio, del clima, de las rutas tenía un valor que no estaban cobrando. Y decidieron cobrarlo.

Lo que más me gusta de esta historia es que las Cholitas no empezaron desde cero. Empezaron desde experiencia. Desde conocimiento acumulado. Desde años observando algo que ya entendían mejor que nadie.



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